Complejo Arqueológico de Sillustani

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A 34 kilómetros de Puno en la explanada de una península rodeada por las aguas de la Laguna Umayo, se encuentra una de las zonas arqueológicas más grandes de América, Las chullpas de Sillustani. La mayoría de estos monumentos funerarios son de origen Colla, aunque también se han encontrados vestigios de la cultura Pucará (200 a.C.) y chullpas de clara influencia inca.

En un entorno de impactante belleza paisajística se alza este majestuoso Complejo de Sillustani, y en su área de aproximadamente 150 ha se levantan unas 90 chullpas. Las chullpas son construcciones de piedra en forma circular y con la característica de ser recintos funerarios. Muchas de ellas superan los 12 metros de altura y tienen un mayor diámetro en la parte superior que en la base. Todo un reto a las leyes de la gravedad y al equilibrio, lo que las hacen únicas en el continente.



Las chullpas en estos tiempos se construían preferentemente sobre lugares predominantes en la geografía del entorno, buscando eternizar el poder de sus gobernantes aun después de la muerte. Las chullpas de Sillustani se ubican en una cima frente a la laguna de Umayo (3,840 m.s.n.m.) y una vez más, al igual que en el Cusco, nos asombramos del ingenio conseguido por el antiguo hombre andino, visto la complejidad de subir estas enormes piedras y colocarlas de forma tan precisas para la construcción de estos monumentos. Sin embargo, como en Cutimbo, la construcción se detuvo a la llegada de los españoles a estas tierras y es por lo que algunas se quedaron sin terminar. Entre todas las chullpas de Sillustani la más impresionante es la chullpa del Lagarto, con 12 metros de alto, un diámetro de 7.20 metros en su base y de 7.60 metros en la parte superior.



Los Collas tenían una costumbre peculiar de entierro para su clase noble (caciques, sacerdotes). El cadáver era previamente momificado y colocado en posición fetal conjuntamente con sus pertenencias, consistentes en objetos de oro y plata utensilios de cerámica y alimentos. La razón de los alimentos es la creencia en esta época, que después de muertos se resucitaba en otro lugar, con lo cual el difunto o resucitado tendría que comer y beber a su voluntad como lo hacía antes de que muriera. Así mismo, de acuerdo a las fuentes históricas e investigaciones, se les quitaba la vida a la servidumbre, las mujeres más queridas y hasta los animales preferidos para que acompañe al noble difunto en su largo viaje.

En la zona arqueológica hay un Museo de Sitio que exhibe piezas collas, e incaicas.

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